Ser una mujer fuerte e independiente significa que puedes encontrar la felicidad por ti misma. Es tener confianza en ti misma sin esperar el reconocimiento de los demás o de la sociedad. Implica ser independiente a nivel emocional y poder mantener relaciones saludables con los demás sin caer en patrones de codependencia. Significa aprender a expresar lo que hay dentro de ti, sin importar que seas tímida y de voz suave o asertiva y de voz fuerte. No necesitas tratar de encajar en un molde. Continúa leyendo para aprender a aceptar la mujer que eres y quieres llegar a ser.

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Ponte en primer lugar. Cuando necesites algo, ya sea que se trate de intimidad, afecto o atención, atiende tu necesidad. Si necesitas atención, dedica un día a consentirte de alguna manera. Si necesitas intimidad, pasa tiempo escribiendo en un diario o explorando la naturaleza. Si necesitas afecto, date afecto pensando en lo que amas de ti misma o invítate a cenar o a ver una película. Mientras más fácilmente puedas satisfacer tus necesidades emocionales, más saludables serán tus relaciones debido a que te conocerás y te entenderás a ti misma y te expresarás mejor con tu pareja.
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Aprende a reconocer la codependencia. Si eres codependiente, podrías considerar que tu relación define tu vida. Podrías pensar en la otra persona de forma obsesiva y esperar a escuchar su opinión para tomar una decisión. Esfuérzate por superar la codependencia manteniéndote alerta ante los siguientes signos:[1]

  • Baja autoestima
  • Complacer a las personas
  • Límites deficientes
  • Reactividad
  • Cuidados excesivos
  • Control
  • Comunicación disfuncional
  • Obsesiones
  • Dependencia
  • Negación
  • Problemas con la intimidad
  • Emociones dolorosas
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No te compares con otras mujeres. Es bueno tener un modelo a seguir femenino a quien admirar. Solo ten cuidado de no caer en la envidia. Aunque la envidia es natural en cierta medida, la sociedad occidental tiende a empeorar la envidia femenina a través de los anuncios y las películas que muestran estándares irrealistas.

  • Dicha envidia y “malicia” se llama “agresión relacional”.[2] Diversos estudios han demostrado que los medios de comunicación cumplen un papel importante para modelar la agresión relacional en las mujeres. Las mujeres que son víctimas de dicha agresión son más propensas a sufrir de baja autoestima, además de sentirse rechazadas y solitarias.[3] El resultado es una cultura de mujeres que se sienten inseguras e infelices consigo mismas.
  • Reconoce cuándo experimentas envidia. El primero paso para superar la envidia es reconocer cuándo la experimentas. Si lees una revista y comparas tu cuerpo con el de las modelos, detente un momento. Recuérdate que a) estas mujeres reciben dinero para lucir de esa manera y muchas de ellas llevan vidas muy poco saludables para mantener sus figuras y que b) la cámara en verdad añade peso. Las mujeres que se ven “perfectas” en las revistas o películas normalmente lucen muy delgadas en la vida real.
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Establece límites claros. Fija límites claros que prioricen tus propias necesidades. Por ejemplo, establece límites con respecto a la cantidad de tiempo que pasas con alguien o al tipo de críticas que no estás dispuesta a escuchar. Asegúrate de tener otras cosas duraderas en tu vida aparte de las relaciones románticas, ya sea que se trate de la escuela, el trabajo, los amigos, una rutina de ejercicios o tu familia.

  • Fija límites claros con esa persona y comunícale tu necesidad de ser tu propia persona independiente. Una vez que hayas discutido esos límites, respétalos.
Defiéndete. Independientemente de tu sexo, debes aprender a valerte por ti misma en el mundo real si quieres evitar que se aprovechen de ti. Debes aprender cómo defenderte en la escuela, el trabajo y en tu vida social. Esfuérzate por ser asertiva. No te avergüences o te disculpes por ser asertiva. La asertividad es el punto medio entre la pasividad y la agresión.

  • Las personas eficazmente asertivas son más felices en las relaciones y tienen una autoestima más alta.[4]
  • Usa frases en primera persona. Este tipo de frases son menos acusatorias y en cambio, sugieren que asumes la responsabilidad de tus propias acciones y sentimientos. Por ejemplo, en vez de decir “Nunca me escuchas”, puedes decir “Me siento ignorada cuando revisas tu celular constantemente mientras me estás hablando”.
  • Aprende a decir no. Pon en primer lugar tus necesidades en vez de siempre tratar de adaptarte a otras personas. Por ejemplo, si alguien insiste en pedirte que le prestes dinero, puedes rechazar su pedido. Si una amiga sigue pidiendo que le prestes tu auto, puedes decirle que el auto ya no está disponible para ella.
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Cree en ti misma. Cuando crees en tus habilidades y logros, trasmites fortaleza. Persigue tus necesidades y deseos. Cuando careces de confianza o te haces la víctima, corres el riesgo de dejar que los demás te pisoteen en vez de obtener lo que necesitas y quieres.
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Hazles saber a los demás cuando han herido tus sentimientos. Si alguien te traiciona de cualquier manera, asegúrate de hacérselo saber. Puede ser difícil compartir tus emociones, sobre todo cuando te sientes herida y molesta. Pero, decirle a la otra persona lo que sientes podría ayudar a evitar que ella repita dicha conducta en el futuro.[5]

  • Por ejemplo, podrías decir “Lastimaste mis sentimientos cuando dijiste que no te gustaba mi cabello. Te agradecería que nunca más vuelvas a criticar mi apariencia”.
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Aborda los comentarios irrespetuosos y ofensivos. Si oyes a alguien hacer un comentario sexista, racista o irrespetuoso de cualquier otra manera, no lo dejes pasar. Esto no necesariamente significa comprometerse en una discusión. Dile tranquilamente a la otra persona que no aprecias lo que dijo.